martes, 10 de mayo de 2011

El viaje




Platicando hace unos días con un compañero nos preguntábamos como podríamos comparar el acto anestésico. Una comparación mas o menos aproximada nos dio la idea de un viaje, especificamente por tierra. 


¿Que te viene a la mente cuando ves la imagen de arriba?


Puede haber muchas respuestas, y seguramente que son muchas y todas correctas. En anestesia se traducen en probabilidades que las vuelven posibles, algunas son previsibles y otras definitivamente no. 
Puede que todo transcurra sin problema, que el viaje/anestesia empiece y concluya llegando felizmente a su destino. 
Pero puede que suceda que en el camino se descomponga el vehículo/aparato de anestesia. Que el suministro de oxígeno/aire que facilita la marcha se termine, se escape, se acabe. Que se yo.

Puede que los sígnos y señales del camino esten presentes, que sean tan claros y evidentes que nos adviertan del peligro. Puede que no esten plenamente visibles, puede que a pesar de serlo, no los veamos, o de plano, decidamos ignorarlos. 

¿Donde? En los sígnos clínicos del paciente, en lo que nos dice, en lo que escuchamos con el estetoscopio, en las líneas que muestra el monitor y en sus alarmas (apagadas intencionadamente en muchos de los casos).

La mayoría de las veces este es un camino parecido a los de antes. Nunca es igual, comparte características, pero ni la velocidad, ni el peralte, ni las condiciones del vehículo, de quien lo maneja, son las mismas. Ni la hora, ni el día. Tampoco los pacientes, aunque tengan la misma patología con el mismo tiempo de evolución, aunque tengan la misma edad, o el mismo sexo, o el mismo peso, lo que sea. Nada es igual.

A diferencia de un viaje terrestre que termina de forma catastrófica, en anestesia es uno mismo el que queda vivo y puede y debe, diria yo, aprender del error.

Y volver a empezar, otra vez, de nuevo, muchas veces.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor escribe aquí tus comentarios a este blog