miércoles, 13 de septiembre de 2017

Ya pasa el temblor




Yo no sé que tiene esta tierra. Tiembla, se resquebraja, desploma todo lo que lleva encima pero la gente que le canta y le da vida, mis hermanos Diidxazá cantan de lo profundo de su pecho:

Guenda nabani xhianga sicarú
ne gasti rú ni ugaanda laa.


Que se traduce al español más o menos así

"¡Cuán hermosa es la vida y nada hay que se le compare!"

He pasado unos días enormes, duramente humanos, llevo el corazón hecho pedazos porque uno de esos pedazos no se puede ir conmigo ya. Se me queda en esta tierra del istmo en Oaxaca. Hay días que parece que la vocación anda toda rota y la soledad es más honda de lo habitual.
Yo no sé de cierto que tiene esta tierra. No se muchas cosas, no tengo muchas respuestas y hay días que mis preguntas se me vuelven escarpias. Hay días como estos que recuerdo lo que tuve claro hace muchos años. El que sufre es mi hermano, y si no hay nada que pueda hacer por él; al menos sus lágrimas serán mías también.
Yo no sé muchas cosas, es cierto. Apenas y entiendo que si el dolor ajeno no te pica allá en el fondo de tus entrañas nada de lo que pase, nada de lo que yo diga o escuches en tu templo va a llegar a tu corazón.

Ya estás muerto.

sábado, 26 de agosto de 2017

Las canas

Tiene pocos días que he llegado a los 39 años. No voy a hacer aquí una apología ni una reseña de los últimos meses en que escribí el más reciente post. Solo diré que el tiempo ha pasado, con experiencias y vivencias acumuladas. Buenas, duras, agradables y siempre nuevas. Empiezo a ver el sedimento de este vaso que se llama vida, lo que se queda no como un turbio residuo, sino que hace que el vaso sea más transparente cada vez...

Este tema viene a colación porque de repente he vuelto la vista a mis amigos y contemporáneos. Unos barbones (lo digo sin envidia), más para allá otros barrigones (más que yo, al menos), calvitos otros y todos -y todas- con canas. Unos más, otros menos, pero todos.

Supongo que a esta edad ya va siendo hora.

No tengo hasta ahora de que preocuparme, van muy poquitas.

El brillo de los ojos ya no es igual, no es menos eso sí, pero va siendo más sincero. Yo sé que muchos de ustedes ya pasaron por esta edad (entiéndanme, vengo llegando). Pero hasta ahora y creo que vamos bien, no siento ningún impulso por correr maratones ni comprarme un Mercedes rojo. Algo es algo.

Prefiero suponer que mi genética me llevará a tener canas tardías (gracias mamá y papá, gracias don Juanito y don Ignacio) en vez de una monacal calva. Me veo en el futuro más como Merlin manipulando el sueño y la sensibilidad de mis pacientes que como el padre de la patria que la historia nos vendió españolado y canoso. Así no.

Yo les voy avisando.

Eso suponiendo que algún día me salga barba, fuera larga y llena de canas.


martes, 24 de noviembre de 2015

De tardes y mandarinas...

Me puse a recoger mandarinas toda la tarde. Unas cuantas se rompieron al chocar con el piso de tan maduras, pero las más verdes cayeron con un chasquido suave.

Resistieron. Fueron la mayoría.
Llegará el día en que estén dulces, frescas, en que su aroma llegue hasta el corazón y en él, a todos los sentidos. En que alivien este otoño de repente caluroso.

Pensé que bueno es andarse a veces por las ramas como ellas, bien lejos del suelo.

Ahí es donde -en silencio y con paciencia- se cosechan los mejores frutos.

Y cómo no, pensé en ti.

Pienso en todo esto como una botella que lanzo al mar. La sello y le doy un beso. Que lleguen pronto a tus costas.