viernes, 19 de diciembre de 2014

La paz, en pasos concretos.



Es noticia mundial. Los esfuerzos a discreción máxima han dado un fruto y este es bueno. Al menos así parece por el tono en el que Barack Obama se ha dirigido a su pueblo. La serenidad de Raúl Castro no fue para menos, mientras que en el Vaticano, Francisco seguramente festejaba con algo mas que un tango. La noticia, por lo menos en esta efervescencia inmediata a la noticia, es francamente de alegría. No es poca cosa un acuerdo de esta naturaleza después de mas de medio siglo. Hay pendientes, el bloqueo económico sigue vigente, aunque leyes absurdas ven su fin próximamente. (La asesina Ley de Ajuste Cubano, por ejemplo)

Desde luego, en las organizaciones ni tan subrepticias del sur de la Florida, el discurso de Obama ha caído como balde de agua fría para muchos anticubanos del exilio. No me esforzaré en prodigarles unas cuantas líneas. Baste decir que los deseos y pasos concretos de avanzar en una relación respetuosa entre dos naciones vecinas en pleno siglo XXI no debieran de escandalizar ni ofender a nadie, pero así se las gastan estos grupos, tampoco es ninguna novedad su reacción. La paz nunca ha sido lo suyo.

Por lo pronto, en el recuerdo, queda este poema de Antonio "Tony" Guerrero, unos de los 5 agentes cubanos contra terroristas que fue liberado de mas de 15 años de cárcel hace un par de días. Y, que felizmente, se acaba de cumplir.

Regresaré

Regresaré y le diré a la vida
he vuelto para ser tu confidente.
De norte a sur le entregaré a la gente
la parte del amor en mí escondida.

Regresaré la alegría desmedida
de quien sabe reír humildemente.
De este a oeste levantaré la frente
con la bondad de siempre prometida.

Por donde pasó el viento, crudo y fuerte,
iré a buscar las hojas del camino
y agruparé sus sueños de tal suerte

que no puedan volar en torbellino.
Cantaré mis canciones al destino
Y con mi voz haré temblar la muerte


Seguro que Polo Montañez estaría feliz de verlo.






martes, 11 de noviembre de 2014

¿Qué harás entonces?




¿Qué harás
cuando toquen
a tu puerta
y se lleven a tu hija
y aparezca sin lengua?
¿Qué harás
cuando a tu esposa
le arranquen los ojos,
o aparezca tu yerno
sin orejas
o se lleven preso
a tu nieto
o aparezca
quemada con diesel
tu sobrina?
.
.
.
Santa María
Medianera
de todas las gracias,
líbrame
de la indiferencia,
de los falsos cristianos,
de los cristianos tibios,
de los egoístas
de los cristianos
con miedo
.
.
.
¿Qué harás
cuando te quedes
sin liturgia,
sin Iglesia
y crucifijo?
¿A que santo
encomendarás
la sangre
que se vuelve
mutismo?
.
.
.
Yo solo
He pisado
el lagar
.
.
.
¿Dónde pondrás
tu dolor
cuando no quede nadie
para oírte?
¿Vendrá el dios-televisor
a calmar tu paranoia?
Aun
con todo
también te buscaremos.
Ellos viven
Y tú,
de corazón indiferente,

sí ya estás muerto
.
.+

Tomado de la cuenta instagram del Hno. Javier Gracia P.
Monje católico, ermitaño diocesano

 santacruzeremitorio.blogspot.com 


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viernes, 31 de octubre de 2014

#Ayotzinapa

Pocas veces recuerdo días tan oscuros en el animo colectivo de mi país. Aunque la tragedia -cualquier eufemismo al respecto es poco- no es nueva, sí ha calado profundamente por las características de los desaparecidos.

Otra vez, como en las épocas de las dictaduras sudamericanas volvemos a escuchar de "escuadrones de la muerte" de ejecuciones sumarias. Ha pasado casi medio siglo y aquello que allá parece que cicatriza aquí en México es tan vigente como si hubiera sido ayer que se gritaba en las calles "Presos políticos: libertad" y resuena aquel comité Eureka, con doña Rosario Ibarra al frente con su vieja, ninguneada por décadas, pero nunca tan actual consigna:

"VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS"

Desaparición forzada. A manos del Estado. No es poca cosa

Tuvieron que pasar casi 40 años para que a fuerza de compadecer el dolor de padres por los hijos desaparecidos algo en las soterradas conciencias de este país se levantara para decir basta.

Ni los 72 migrantes muertos en San Fernando, Tamaulipas. -Ahí también murieron muchas esperanzas-

Ni los muertos y desaparecidos de la "guerra sucia"

Vaya, ni el EZLN hace 20 años...

Ni la rebeldía limpia -pero cándida- de los #YoSoy132

Ni los reclamos que acabaron siendo bastante timoratos de los compañeros #YoSoy17

Algo se ha movido. Algo que dice que o los detenemos entre todos o lo que nos queda de México se nos va a terminar yendo a pedazos. Hay gestos inusuales de solidaridad. De abrazos que comparten el dolor del hijo que nadie sabe donde está y ni siquiera si va a regresar... con vida. De una escandalosa injusticia que hasta el Papa Francisco en su audiencia general acusó recibo de tantos reclamos que campean en nuestra tierra.
Y se conmovió. Él. El colmo hubiera sido que los obispos mexicanos no dijeran pío.

Ojalá no nos pase que pronto la realidad nos alcance como en aquel poema atribuido a Brecht que mas o menos se resume asi: "Cuando vinieron por mi vecino que era judío, como yo no era judío, no hice ni dije nada. A la noche siguiente vinieron por mi"

Hay demasiada sangre que clama justicia.

Hay demasiada rabia contenida

Demasiado "tejido social" (¿quien se inventó ese terminajo?) roto, friable, infectado, desvitalizado...para hablar en eufemismos médicos. Sanar lo que debe ser sanado. Eso es mas o menos lo que hacemos los médicos. A gran escala debe ser mas o menos lo mismo.

Ojalá esta lucha se unifique. Ojalá el rumbo que tome sea radical. Y sin reservas. No se espere mucho de la vía electoral...

Ojalá que sea por la paz. Y para la paz. Parar todo. Para que todo se mueva. Apenas estamos tomando conciencia de la fuerza que tenemos por la sencilla ecuación de que somos mayoría. No puede haber fosas ni celdas suficientes para encerrarnos a todos. Ni a nuestros padres. Ni a nuestros alumnos, compañeros de trabajo ni hermanos. Ni a la semilla rebelde que ya crece en nuestros hijos aunque sean pequeños.

Corremos el riesgo ante la asquerosa indiferencia de que en el futuro no haya quien mueva un dedo por nosotros, por nuestras causas...

Finalizo compartiendo este escrito que recién he recibido. Comparto el nombre también de a quien se atribuye el texto.

Mamá, si desaparezco, ¿adónde voy?

No lo sé, hijo.
Solo sé que si desaparecieras te buscaría entre la tierra y debajo de ella.
Tocaría en cada puerta de cada casa.
Preguntaría a todas y a cada una de las personas que encontrara en mi camino.
Exigiría, todos y cada uno de los días, a cada instancia obligada a buscarte que lo hiciera hasta encontrarte.
Y querría, hijo, que no tuvieras miedo, porque te estoy buscando.
Y si no me escucharan, hijo;
la voz se me haría fuerte y gritaría tu nombre por las calles.
Rompería vidrios y tiraría puertas para buscarte.
Incendiaría edificios para que todos supieran cuánto te quiero y cuánto quiero que regreses.
Pintaría muros con tu nombre y no querría que nadie te olvidara.
Buscaría a otros y a otras que también buscan a sus hijos para que juntos te encontráramos a ti y a ellos.
Y querría, hijo, que no tuvieras miedo, porque muchos te buscamos.
Si no desaparecieras, hijo, como así deseo y quiero.
Gritaría los nombres de todos aquellos que sí han desaparecido.
Escribiría sus nombres en los muros.
Abrazaría en la distancia y en la cercanía a todos aquellos padres y madres; hermanas y hermanos que buscan a sus desaparecidos.
Caminaría del brazo de ellos por las calles.
Y no permitiría que sus nombres fueran olvidados.
Y querría, hijo, que todos ellos no tuvieran miedo, porque todos los buscamos.

Marcela Ibarra Mateos

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