jueves, 28 de agosto de 2014

Debiera decir

Que estoy muy a gusto en mi poltrona

que tengo días de trabajo saturados con emociones y patologías a tope, y que eso es lo mas normal.

que Palestina está muy lejos, y a quien le importa si lo de hoy es el jueguito ese imbécil de tirarse agua helada encima...

Hay días que no puedo. Mi mente aunque no quiera toma camino del viento, se aleja y padece por no estar cerca de donde debiera...

Días en que me duele ver como la vida de mis pacientes se va a raudales entre mis manos, en una espera dolorosa e innecesariamente cruel.

Cuando no se como explicarme la muerte del hijo del amigo, apenas unos meses mayor que mi propia hija.

Percibo un olor a piedad mustia que me repugna.

Y apenas siento que mi aporte no es mas que una gota que se pierde en el océano.

Pero ese poquito también lleva mi corazón, mucho de mi dolor y mis preguntas.

Mañana volveré a enfrentarme a mis opciones que a veces se tornan escarpias. También ahí está mi corazón.


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sábado, 28 de junio de 2014

Insurgencia Médica

Siguiendo con las repercursiones que sigue dejando #YoSoy17 en nuestro país comparto este artículo publicado hoy en el periódico mexicano "La Jornada"



Insurgencia médica

Arturo Alcalde Justiniani

Los movimientos de protesta en nuestro país estallan de manera inesperada, suelen ser producto de añejas inconformidades que no encontraron un canal de expresión y respuesta institucional. Basta una provocación o a veces un accidente para que se inicie una reacción aparentemente desproporcionada, que sólo adquiere una cabal comprensión si se analizan las causas encubiertas más allá de las explicaciones coyunturales.
El movimiento médico de cincuenta años atrás, de noviembre de 1964 a septiembre de 1965, se inició por la omisión en el pago del aguinaldo. Rápidamente se organizaron paros, se amplió el conflicto y el pliego petitorio superó el reclamo inicial, transformándose en una exigencia relacionada con las condiciones de trabajo y con la participación en las normas que rigen esa actividad. La ausencia de respuesta y de capacidad de negociación provocaron que la inconformidad adquiriera dimensiones cada vez mayores. Como es común, el gobierno se envolvió en el principio de autoridad y echó gasolina al fuego mediante la represión.
La reciente insurgencia médica, conocida como #Yosoy17, es nuevamente la expresión de una protesta que responde a los abusos que sufren los médicos en nuestro país. Sería injusto e irresponsable afirmar que los padres de Roberto Gallardo, el joven fallecido en enero de 2010 en la ciudad de Guadalajara después de dos meses de hospitalización, carezcan de razón. Eso sólo podrán acreditarlo dictámenes objetivos y calificados que es fundamental llevar a cabo para evitar en su caso actos de negligencia. Sin embargo, lo que parece extraño en este caso es que una averiguación previa tome más de cuatro años para ser desahogada por la Procuraduría General de la República; también el número de médicos, 16, que hubieran sido encarcelados de no haber obtenido la protección constitucional a tiempo; asimismo, es difícil entender cómo se acreditó el elemento de dolo que resulta esencial en el tipo penal que se les imputa.
Lo que sí puede afirmarse, con claras evidencias, es que en las últimas décadas el servicio público de salud se ha venido degradando en nuestro país a pasos agigantados. Son incontables las historias de pacientes que deben esperar meses para ser atendidos en un quirófano, que se ven obligados a adquirir por sí mismos material médico y medicinas u optar por contratar por la vía privada los servicios de los médicos que deberían atenderlos en el hospital público. Es explicable también que muchas de las limitaciones resulten a los ojos de los pacientes imputables a los médicos o las enfermeras, porque consideran que depende de ellos el servicio que la institución les niega o les difiere.
La profesión de médico en nuestro país es sin duda producto de una vocación generosa y sacrificada. Sin embargo, vista en perspectiva desde la etapa estudiantil, transita un auténtico calvario. El primer reto que debe enfrentar es el acceso a los estudios universitarios. En la UNAM –institución que por su creciente prestigio y gratuidad se ha convertido en un deseo a veces inalcanzable para muchos aspirantes–, quienes no gozan del pase interno deben acreditar en su examen de ingreso un número de aciertos cercanos a la perfección, pero la inmensa mayoría de los estudiantes queda fuera, aun cuando se trate de jóvenes destacados; con ello el Estado incumple una obligación elemental de proveer educación superior a la población.
El segundo reto para aquellos que inician sus estudios de medicina consiste en superar las constantes exigencias que van determinando su destino. Si tan sólo de excelencia en el desempeño se tratara, serían explicables e incluso deseables estos requerimientos por la naturaleza tan delicada de la labor que desempeñan, ya que en sus manos está la salud, la integridad y la vida de seres humanos. El problema es que pareciera que esa generosa profesión suele ser acompañada de abusos innecesarios como aquellos que sufren los internos mediante guardias inhumanas de hasta 36 horas sin dormir, de ausencia de apoyos y de múltiples arbitrariedades que documentan los propios estudiantes.
Después del internado viene el servicio social; han transcurrido así seis o siete años, dependiendo de la escuela. Llega entonces el examen de especialidad, que otra vez excluye a la inmensa mayoría que considera que ésta es la única vía para tener reconocimiento profesional y una remuneración digna; posteriormente vendrá la lucha cada vez más difícil por obtener un puesto de trabajo estable.
Si recorremos el mapa médico en nuestro país, constataremos que varios de los planteamientos del movimiento #Yosoy17 tienen fundamento: exigen y reclaman con razón que se les otorguen los medios necesarios para el desempeño de su labor, lo cual redundaría en un servicio a favor de los pacientes. La inquietud es extensiva a sectores como los institutos nacionales de salud y hospitales de alta especialidad, de amplio reconocimiento y prestigio profesional. Sus reglas de trabajo, como estímulos y normas de estabilidad, suelen fijarse con criterio discrecional, lo que favorece la arbitrariedad y el descontento. De los salarios ni hablar, totalmente empobrecidos en relación con la carrera superada y la calidad y trascendencia de su labor. Por ello, muchos galenos optan por trasladarse a un país que les ofrezca mejores oportunidades o de plano dedicarse a otra actividad más rentable. Una respuesta necesaria ante esta situación es favorecer formas asociativas de carácter profesional, que permita a los médicos convertirse en constructores de las normas que rigen su labor.
La movilización médica ha superado ya los límites de un reclamo particular y ha puesto la mira en las causas de las deficiencias del servicio; como muchos otros renglones en nuestro país, generalmente relacionados con la ausencia de políticas públicas en favor de la gente; el tema es que no existe una política de salud. Casi nada.


¿Que qué podrías ser? Podrías ser el médico que lleva dentro del maletín ignoro cuántas veladas de café y anatomía, para salirle al paso a la fatiga de los latidos pálidos, producto de un corazón que incluye leucocitos en sus palpitaciones, y podrías ir sembrando en el vientre o las espaldas del enfermo preguntas para diagnosticar qué sombra está cruzando por su entraña.
Enrique González Rojo

domingo, 22 de junio de 2014

¡Ya basta!


Médicos del #Yosoy17 dicen ¡Basta!

Gustavo Leal F.*

Mientras en Oaxaca se reconocen 11 negligencias, sólo en el último año de Peña Nieto ( Reforma, 28/5/14) y en Sonora se agrega la muerte del jornalero Constantino Ortiz, después de la de José Sánchez –también jornalero– ocurrida en octubre de 2013 ( El Universal, 14/6/14), los médicos de Jalisco y del país, agrupados en #Yosoy17, dicen ¡Basta!
La Asociación Médica de Jalisco, comunica que los errores de los galenos no deben judicializarse como actos criminales, sino dirimirse y sancionarse en instancias colegidas fortalecidas. Ello, después de que 16 médicos del Hospital de Pediatría del IMSS fueron inculpados por la muerte del joven Roberto Gallardo (enero 2010) y de que un juez tercero de distrito les liberó órdenes de aprehensión. #Yosoy17 llama a manifestarse en distintas ciudades del país (el 22 de junio) para apoyarlos y denunciar sus condiciones laborales. El sindicato del IMSS les ha externado su respaldo.
Hay que defender la práctica médica: sabemos lo que representa la atención a pacientes graves. Enfrentamos problemas estructurales de falta de personal, insumos y vulnerabilidad legal, señalan. El Colegio Mexicano de Medicina Interna agrega: Los médicos se organizan ante un atropello. El juez no tiene idea de lo que califica.
Como suele hacerlo, la secretaria de Salud, Mercedes Juan, giró instrucciones para que, nuevamente, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) iniciara la indagatoria con una brigada de inspectores federales en Oaxaca: Se investiga al personal médico para resolver si es responsable de la falta de atención, indicó ( La Jornada, 18/6/13).
Según Mikel Arreola, Cofepris tiene 10 procesos abiertos en Oaxaca y son motivo de notificaciones de multa por casi 3 millones 113 mil pesos ( Reforma, 18/6/14). De las muertes en Sonora, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos asegura haber enviado visitadores adjuntos.
Frente a la inadmisible ola de negligencias, Mercedes Juan sólo ofrece una hueca comisión en el marco de su proyecto de reforma sectorial que degrada el derecho a la salud. No toma cartas sanitarias. Para ella el asunto es punitivo, penal y de multas, mientras guarda silencio frente a la principal demanda ciudadana: mejorar servicios ¡ya!
Coincidiendo con el ministro José Ramón Cossío, de la Suprema Corte, para quien en el derecho a la salud se debe pensar cómo se debe satisfacer, no en la retórica constitucional, sino en acciones concretas, para que nosotros, los juzgadores, lo entendamos y podamos saber qué podemos proteger, hasta dónde o cuáles son las condiciones reales de esa protección, Mercedes Juan quiere una reforma” que necesariamente modifique el artículo 4 constitucional.
Con esta nueva base constitucional pretende introducir en IMSS, Issste, Sedena, Semar y Pemex: 1) garantías explícitas (o paquetes básicos mínimos) que racionen las intervenciones de salud, ahora sujetas a condiciones precisas para el acceso a los servicios; 2) homologar interinstitucionalmente protocolos de atención y tarifas para aplicar esa paquetería explícita; 3) incrementar gradualmente la lista racionada de intervenciones ya como paquetes básicos explícitos; 4) crear una procuraduría que vigile y haga exigibles los paquetes mínimos explícitos. Además, asegurada su independencia respecto a todas las instituciones, esa procuraduría dispondría de la facultad de obligar a cada una de ellas a prestar los servicios o pagar en el caso de que no los puedan prestar o hacer un direccionamiento del paciente a un proveedor alterno ¿privado?, y 5) integrar una comisión nacional de salud universal con todas las instituciones –más la Secretaría de Hacienda– con el encargo de ejecutar el racionamiento a paquetes básicos mínimos así como determinar costos y tarifas interinstitucionales (portabilidad).
Pretende que la atención médica de las instituciones reduzca la responsabilidad estatal a intervenciones garantizadas de manera explícita como nuevo derecho constitucional degradado Lo que no cubra Peña deberán, ahora, cubrirlo los ciudadanos comprando seguros complementarios. El nuevo PRI pretende una universalidad no universal.
Para enfrentar la ola de negligencias que con Peña Nieto inundan al sector –y que debería ser su prioridad principal– Mercedes Juan no ofrece absolutamente nada, ni una sola palabra, en el decreto que modifica la Ley General de Salud ( Diario Oficial de la Federación, 4/6/14), que recentraliza autoritariamente, en SSA y SHCP, todos los recursos del Seguro Popular, sepultando el anhelo federalista.
Para ella, el asunto se resuelve separando el financiamiento de la prestación de los servicios: los regímenes estatales de protección social en salud garantizarán las acciones mediante el financiamiento y la coordinación eficiente, oportuna y sistemática de la prestación de los servicios de salud a la persona del Sistema de Protección Social en Salud, los cuales deberán realizar su actividad de manera independiente de la prestación de servicios de salud (artículo 77 bis 2), como si por arte de magia, la separación atacara de raíz el descontrol clínico estructural que prima en los servicios que coordina la Ssa mediante sus regímenes estatales.
Con su anémico aunque ruidoso proyecto de seguridad social universal, Peña legará, intactos, al próximo sexenio todos los grandes desafíos en materia de pensiones y salud. La bomba de tiempo está dispuesta.
¿Cuál es la responsabilidad objetiva del Estado en las negligencias y, sobre todo, en que el encuentro médico-paciente –como relación de confianza mutua– acontezca en condiciones de suficiencia? La respuesta presidencial es una reforma que degrada el derecho a la salud, mientras, como comunica #Yosoy17, médicos y pacientes enfrentan indefensión y desamparo.
*Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco


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