sábado, 26 de agosto de 2017

Las canas

Tiene pocos días que he llegado a los 39 años. No voy a hacer aquí una apología ni una reseña de los últimos meses en que escribí el más reciente post. Solo diré que el tiempo ha pasado, con experiencias y vivencias acumuladas. Buenas, duras, agradables y siempre nuevas. Empiezo a ver el sedimento de este vaso que se llama vida, lo que se queda no como un turbio residuo, sino que hace que el vaso sea más transparente cada vez...

Este tema viene a colación porque de repente he vuelto la vista a mis amigos y contemporáneos. Unos barbones (lo digo sin envidia), más para allá otros barrigones (más que yo, al menos), calvitos otros y todos -y todas- con canas. Unos más, otros menos, pero todos.

Supongo que a esta edad ya va siendo hora.

No tengo hasta ahora de que preocuparme, van muy poquitas.

El brillo de los ojos ya no es igual, no es menos eso sí, pero va siendo más sincero. Yo sé que muchos de ustedes ya pasaron por esta edad (entiéndanme, vengo llegando). Pero hasta ahora y creo que vamos bien, no siento ningún impulso por correr maratones ni comprarme un Mercedes rojo. Algo es algo.

Prefiero suponer que mi genética me llevará a tener canas tardías (gracias mamá y papá, gracias don Juanito y don Ignacio) en vez de una monacal calva. Me veo en el futuro más como Merlin manipulando el sueño y la sensibilidad de mis pacientes que como el padre de la patria que la historia nos vendió españolado y canoso. Así no.

Yo les voy avisando.

Eso suponiendo que algún día me salga barba, fuera larga y llena de canas.


martes, 24 de noviembre de 2015

De tardes y mandarinas...

Me puse a recoger mandarinas toda la tarde. Unas cuantas se rompieron al chocar con el piso de tan maduras, pero las más verdes cayeron con un chasquido suave.

Resistieron. Fueron la mayoría.
Llegará el día en que estén dulces, frescas, en que su aroma llegue hasta el corazón y en él, a todos los sentidos. En que alivien este otoño de repente caluroso.

Pensé que bueno es andarse a veces por las ramas como ellas, bien lejos del suelo.

Ahí es donde -en silencio y con paciencia- se cosechan los mejores frutos.

Y cómo no, pensé en ti.

Pienso en todo esto como una botella que lanzo al mar. La sello y le doy un beso. Que lleguen pronto a tus costas.


domingo, 14 de junio de 2015

El paciente alemán



"En mi país, a uno le dejan que elija el tipo de anestesia que quiere"

Le llamaré Gunther, tiene 72 años y una falla renal crónica. Entra a quirófano para que le coloquen el catéter de diálisis peritoneal. Acepta de mala gana el bloqueo neuroaxial. Pero no cuenta con lo (poco) que se de Alemania.

De a poco, le animo. Dirijo su ansiedad para otra parte. Le voy contando quienes fueron August Bier y August Hildebrandt (dando click aqui, hay algo de su historia)  asi que eso lo convence y su negativa se torna en una amable cooperación. Me pregunta si conozco Alemania, contesto que no. Pero mientras silbo, mentalmente pienso:

O Freunde, nicht diese Töne!
Sondern laßt uns angenehmere anstimmen,
und freudenvollere.
Freude! Freude!



No he llegado al final cuando el canturrea los últimos Freudeeee! Lo sedo un poco y algo de mi playlist hace el resto en una bocina con conexión Bluetooth . Menos de media hora de cirugía y después de un repaso de Bach, Wagner, Strauss y Beethoven termino con la obra mas conocida de Händel. Todo termina y abre los ojos, agradece sentidamente al equipo quirúrgico.

Nos despedimos con un fuerte apretón de manos.