jueves, 8 de diciembre de 2011

Tiempo de adviento

Las 2 hermanas tienen 27 años. Ambas jóvenes, esperan algún día convertirse en madres y compartir su vida.
Una de ellas lo espera con muchas más ansias porque nunca nada crecerá en su vientre. Cuando tuvo cáncer de ovario ahi estuvo su hermana, apoyando, sosteniendo la esperanza de la gravidez vuelta  imposible.

Que los imposibles no existen, carajo.

Ahora espera un hijo. Pero en otro vientre.
Ambas ven cuanto ha crecido, como se mueve, les parece que el bebé sonríe desde el útero tibio.

Está escrito que por amor llegó al mundo el único hijo. Un niño apenas. El Cristo, el nazareno le decían.

Apenas ha llenado de aire sus pulmones llora por primera vez un llanto fuerte, jubiloso. Pletorico de vida.  El mismo que inunda a ambas gemelas. La que toma al niño y mirandola dice.

-Hermana, aquí tienes a tu hijo.

Uno no sabe que decir.

Pero el amor es más fuerte. Y echa por tierra todas las razones. No existe otra explicación. Hace ver lo poco que entiendo. Lo poco que he visto. Lo mucho que me falta por aprender.  Por sentir.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

lo que debo// »

lo primero es ser agradecido. no esperaba cuando inicié este blog  llegar a tal  cantidad de visitas (pocas de acuerdo, pero valiosas y de gran significado). por ahora el tiempo me ha tenido ocupado en otras actividades personales. lamento haber hecho este silencio de ida.

Espero que proximanente pueda compartir más ideas, vivencias y todo lo que uno encuentra al paso es este camino de ser médico. No es fácil. No siempre es bonito. No siempre nos gusta. Por ahora digo hasta muy pronto. Gracias de nuevo a todos quienes leen "Diario de un anestesiologo".
En twitter estaré más intermitentemente presente que en el blog.


lunes, 17 de octubre de 2011

El resultado

Todos estamos hechos de marcas. cicatrices profundas. Rasgos y rasguños. Vivencias pasadas que desembocan en el hoy.

No todo en nosotros es conocimiento. La inteligencia de las emociones fraguada en tantos años del golpeteo constante del hospital han hecho que aquel que sufre, el otro, sea para siempre parte de mi.

No puedo ser yo si no me encuentro en el otro. si no me reconozco en su dolor y su incertidumbre. Su desesperanza también me envuelve y en vez de secarme, me arropa.

No tengo en la mano todos los remedios ni todas las respuestas. No siempre estoy dispuesto a renunciar a lo mío.
Sucede que a veces uno también se cansa.

Ya no soy yo. Soy las noches de frío con el paciente grave. Soy la soledad que vive en los pasillos del hospital. Soy todos los que vinieron antes de mi. Que cruzaron por aqui. Soy el dolor que cede y desaparece también. La mano que se estrecha antes del encuentro con la eternidad.

Soy tu. Tu médico. Y tu enfermo.