miércoles, 27 de julio de 2011

La ciudad parece un mundo ( *)



Ella calculaba que eran al menos 10 años sin verse. El sabe que han pasado mas de 15. La vida los reunió de nuevo en el lugar menos pensado para ambos. El pasillo hacia el quirófano, en la camilla va el hijo -de ella- que el ignoraba que existiera. Estan solo los 3, o ellos 2, porque el niño sigue de largo en la camilla rumbo al quirófano mientras el la detiene apenas un momento.

La ciudad los sigue mirando con los mismos ojos de aquel entonces.

Las calles, las que caminaron juntos, siguen llenas del mismo cansancio.


-No sabía que habías tenido un hijo.

-No importa, sólo somos él y yo.  Me alegro que vaya a estar en tus manos. Tampoco sabía que eras anestesiólogo y seguías viviendo aqui.

Hubo una larga pausa. El le extendió un bolígrafo.

-Necesito que firmes la autorización.

No supo o no se atrevió a decirle mas despues de tantos años, la distancia entre ambos era tan cerca y al mismo tiempo, la misma ciudad, el paso de  los años o el trabajo o vaya a saberse que cosas, partían en 2 el mismo mundo que ambos compartieran un tiempo. Y en medio un vacío de años, eternos y cortos a la vez.

Ya estaba la firma, con el nombre que antes a él le significara tanto.

-Cuidalo como si fuera tuyo, por favor.

El no contestó nada, no dijo ni "sí" ni "no". No era suyo, nunca lo sería. Tampoco ella volvería a serlo. Apenas un apretón de manos entre viejos compañeros antes de dar la vuelta y encaminarse al quirófano sin despedirse, sin esa sensación de haberse dicho adios de nuevo.

No eran, ni serían nunca, los de antes.


(*) Canción de Ismael Serrano, del mismo nombre. Mínima paráfrasis...

sábado, 25 de junio de 2011

Eres responsable de tu rosa





Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, domestícame !
- Qué hay que hacer ? – dijo el principito.
- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
Al día siguiente el principito regresó.
- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; descubriré el precio de la felicidad ! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Es bueno que haya ritos.
- ¿Qué es un rito ? – dijo el principito.
- Es algo también demasiado olvidado – dijo el zorro. – Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Entonces el jueves es un día maravilloso ! Me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida:
- Ah! - dijo el zorro... - Voy a llorar.
- Es tu culpa – dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal pero tú quisiste que te domesticara.
- Claro – dijo el zorro.
- Pero vas a llorar ! – dijo el principito.
- Claro – dijo el zorro.
- Entonces no ganas nada !
- Sí gano –dijo el zorro – a causa del color del trigo.
Luego agregó:
- Ve y visita nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto.
El principito fue a ver nuevamente a las rosas:
- Ustedes no son de ningún modo parecidas a mi rosa, ustedes no son nada aún – les dijo. – Nadie las ha domesticado y ustedes no han domesticado a nadie. Ustedes son como era mi zorro. No era más que un zorro parecido a cien mil otros. Pero me hice amigo de él, y ahora es único en el mundo.
Y las rosas estaban muy incómodas.
- Ustedes son bellas, pero están vacías – agregó. – No se puede morir por ustedes. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigué bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres para las mariposas). Puesto que es ella a quien escuché quejarse, o alabarse, o incluso a veces callarse. Puesto que es mi rosa.
Y volvió con el zorro:
- Adiós – dijo...
- Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.
- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.
- Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo.
- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
- Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo.

Historia de un dolor III


Ayer me di cuenta que te habias ido. No se hasta cuando, pero espero que no regreses. Dejame vivir.

Dejame como estoy y dejame ser yo de nuevo.

No aparezcas mas, porque me derrumbas.

No regreses. No te quiero en el sabor amargo de mi boca, en el dolor de estomago, en las nauseas.  Espero no encontrarme contigo nunca mas. No te quiero en mis mañanas imposibles y en mis noches eternas contigo al lado.

Ojala sea la ultima vez que pienso en ti.