jueves, 12 de junio de 2014

#YoSoy17








En este blog he hablado previamente del creciente clima de linchamiento de que es objeto el gremio médico en México. Siguiendo la tendencia que nos viene del norte es cada vez mas común que a las complicaciones médicas y/o quirúrgicas (muchas veces inherentes a la evolución natural del propio padecimiento) se les encajone como "negligencias médicas" sin serlo. Es frecuente que entre el duelo, la ignorancia y la codicia los familiares del enfermo en cuestión resulten campo fértil y una verdadera mina de oro para verdaderos vividores que en cada muerte ven actos "negligentes" y los envuelven en argucias legaloides que lamentablemente obtienen muchas veces un trato condescendiente de la autoridad judicial.
De ahi al amarillismo en los medios de comunicación, la distancia es muy poca.
Así las cosas, el criterio médico casi nunca tiene cabida en defensa de los médicos involucrados. El arbitraje médico pocas veces satisface a unos familiares sedientos no de justicia, sino de algo muy parecido a la venganza.

Prevalece la idea que el médico "tiene mucho dinero" y que por ello bien se le puede demandar por una cantidad millonaria sin hacerle mella en su integridad y en su familia; en su honor y su patrimonio. La autoridad rara vez examina si los daños (si es que realmente se comprueba fueron hechos de forma intencionada) corresponden con sanciones tan severas, y si no, ya se llevó entre las patas al gremio, o a una institución entera después de un proceso tedioso, caro y desgastante.

La "justicia" en nuestro país no se caracteriza precisamente por ser pronta y expedita. Sino por cursar por caminos y entuertos muy oscuros con intereses en juego y pruebas endebles. No es complicado obtener culpables.

En estos días ha surgido en redes sociales un movimiento parecido a #YoSoy132 (véase en este mismo blog "mis desacuerdos") hace un par de años, con el cariz peculiar que en esta ocasión #YoSoy17 o #YoSoyelmédico17 surge a raíz de 16 ordenes de aprehensión contra igual número de médicos, compañeros trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en el estado de Jalisco. No voy a abundar aquí en los pormenores del caso, pero baste resumir que se les acusa de haber sido negligentes en la atención a un menor fallecido por complicaciones (entre otras) derivadas de diabetes, asma, obesidad y tuberculosis intestinal. Según se, el paciente llegó en condiciones críticas al hospital y después de salvar su vida, falleció varios días y varias intervenciones medico-quirúrgicas después.

Hasta donde yo recuerdo ni la diabetes, el asma, la obesidad y la tuberculosis son padecimientos agudos de inicio súbito. ¿Entonces? Hablamos de un menor en obvias condiciones de no poderse valerse por si mismo, bajo el cuidado de sus padres. El mismo padre que ahora reclama entre otras cosas una indemnización millonaria y la suspensión profesional de los médicos involucrados. Desde los tratantes en la unidad de cuidados intensivos hasta los directivos del hospital. Como si las penas carcelarias fueran capaces de devolver la vida a alguien. Como si uno fuera dueño de la vida y de la muerte y la medicina no fuera ciencia, sino milagros a granel...

Lo dije en este blog hace tiempo: Cualquier piedra es buena cuando se trata de atinar en un culpable, o en 16 como en este caso. La diferencia quizá estribe en que en esta ocasión el caso ha trascendido gracias al reguero de pólvora en que corre la información en internet y las redes sociales. Se ha vuelto viral en un par de días y a todo lo ancho de la geografía mexicana se han levantado voces razonablemente indignadas de médicos, estudiantes de medicina, enfermer@s y otr@s trabajadores de la salud, particularmente de la sanidad pública que no están (estamos) dispuestos a cargar con culpas en mucho, ajenas.

Me parece formidable que quienes se atienden en el sistema público de salud exijan tan sentidamente mejoras en la calidad de la atención. Todos estamos de acuerdo en ello y nos encantaría que fuera posible. Y en esto el problema tiene infinidad de aristas. Ojalá todo fuera tan fácil como abrir clínicas y hospitales a diestra y siniestra. Desde el principio, nos estamos volviendo un país que forma médicos a granel, mal preparados en universidades públicas y muy beneméritas, pero pobres. Con un presupuesto pingüe, una matrícula saturada, con mala orientación vocacional. Y en el caso de las universidades privadas, con severas falencias en la preparación académica.

Los que no, como la parasitaria clase política, pueden seguir atendiendose en la medicina privada con sus abultadas pólizas de seguro médico que pagamos entre todos. Es un mito que en ella los médicos sean mejores. Atención excelente y pésima hay en todos lados. Allá y acá.

Resulta trágico que en medio de todo esto, sean las propias instituciones oficiales de salud las que producen especialistas de dudosa calidad al margen de su propia normatividad oficial y por la que el grueso de especialistas sí fuimos obligados a pasar. Ahora basta que algún trabajador con cierta antigüedad o ayuda sindical haga un curso de "anestesia rural" o "medicina quirúrgica" para que en los hospitales rurales sea responsable de atender a quienes viven en el piso mas bajo de la sociedad: indígenas que hasta en eso son menoscabados al enviarles especialistas de segunda.
Total, si de por sí la pobreza no acaba con ellos, que sea la enfermedad la que los suprima de las alegres estadísticas oficiales.

Por otro lado parece evidente que la infraestructura de la salud pública es insuficiente. Falta de personal, de recursos humanos y materiales. Corruptelas en todos los niveles -desde el empresario que evita el pago de la seguridad social de sus trabajadores- hasta el médico que sí, se roba una jeringa o unas gasas para su consultorio privado (Sí roba pero poquito como dijo hace unos días un ex alcalde en Nayarit)

Sumemos a lo anterior mmm... el grado de satisfacción de un profesional de la medicina (ojo, dije profesional, no "profesionista") en la sanidad pública. Hay que lidiar con hospitales saturados, carencia de suplementos (si estuviéramos en Venezuela sería noticia mundial por supuesto) y con sobrecarga de trabajo que muchas veces no es posible desahogar en un turno laboral. De ahí que casi siempre es necesario trabajar en mas de una institución para medio ir sobreviviendo el mes ¿Acaba uno cansado y eso repercute en la calidad de la atención? ¡Obviamente que sí! Por mas vocación que uno tenga somos seres normales con carencias, gastos y necesidades comunes. Si no fuera así no habría que agregar el gasto en uno que otro curso o congreso (los de anestesia en México no son nada, pero nada baratos) mas el permiso o los permisos en el trabajo que significa ausentarse para acudir a dicho curso. Y si no hay quien lo supla a uno (que no hay) la cosa se complica obviamente mas...

Desde luego, también hay mucho de mala leche en descalificar de un plumazo a una institución completa como en este caso al IMSS, que a lo largo de sus 70 años de historia ha sido un fuerte puntal de la seguridad social en México.
No es ningún secreto que el IMSS ha sido pionero en la medicina mexicana. Fue ahí donde se realizaron entre otras, los primeros trasplantes en nuestro país. Ahí se han formado decenas de generaciones de especialistas altamente preparados no sólo mexicanos sino extranjeros que en muchos casos además de recibir su formación, también han recibido la oportunidad -cada vez mas escasa en este país- de la seguridad laboral.
No es poca cosa haber sobrevivido a tantos años de embates de todo tipo -desde desastres naturales y afanes privatizadores- gracias, en mucho, al probado compromiso social de sus trabajadores.

No olvidemos que vivimos en un país donde es perfectamente posible que cualquier hijo de vecino oferte la cura del cáncer (o de cualquier cosa, total...) con magnetos o bicarbonato y se haga rico impunemente mientras que un especialista fruto de una década de severa formación académica y hospitalaria vaya a la cárcel sin que se le pruebe culpa alguna. Eso no es justicia ni aquí ni en China.

Ojalá la misma enjundia con que se le exigen resultados al técnico del equipo mexicano de futbol sirviera para censurar los gastos obscenos del gobierno. ¿Ejemplos? El avioncito presidencial de Enrique Peña Nieto que supera los 7500 millones de pesos (mas de 440 millones de euros según mis cálculos mas recatados)

¿No serviría tanto dinero para pagarnos la inscripción a algún curso? ¿O para mejorarnos un poquito el sueldo? ¿Para que trabajásemos en un hospital en el que en este día, no cabe un paciente mas?

Ojalá también llegue el día en que asi como se busca por todos los medios dar a conocer lo que se hace mal en las instituciones de salud, también se haga hasta lo imposible por dar a conocer lo bueno, por agradecer.

Ojalá nuestra gente, nuestros pacientes y derechohabientes fueran igual de exigentes con su diputado, senador o parásito político cualquiera que como lo son con un médico que ha dejado buena parte de su vida en ese hospital sin mayor satisfacción que la de haber hecho el bien...

Como médico con frecuencia siento verdadera desolación de aprender de la parte oscura de la naturaleza humana. No hay en la naturaleza ser tan cuidadosamente evolucionado como el hombre y a la vez, tan salvajemente cruel con su semejante y con el resto de la creación. El universo y la estupidez -cuentan que decía Einstein- son infinitos..."y del universo, no estoy tan seguro".

La ingratitud también es infinita, y tristemente al igual que la estupidez, son conductas exclusivas del género humano.

Todos los días sin embargo, confío en hacer lo mejor a mi alcance por mis pacientes.

Ojalá #YoSoy17 logre el objetivo de evitar que se criminalice la conducta terapeútica de los médicos que atendieron al menor fallecido. Ojalá el dolor no se vuelva en la familia (como decía Tagore) en un cuchillo sediento de sangre...

Somos médicos

No somos dioses

No somos asesinos

#YoSoy17

martes, 25 de febrero de 2014

Medicina y redes sociales




Hace ya varios años que parecieran siglos que el internet y el mundo globalizado irrumpieron de a poco -pero firmemente- en nuestras vidas. 
Poco a poco han ido cambiando nuestras maneras de comunicarnos.

Incorporamos neologismos a nuestro idioma y lo adaptamos a esta realidad. Hay internet público casi hasta en los retretes y casi cualquier imagen puede hacerse pública en la red en cuestión de segundos. Para bien, pero también para mal.

Pareciera que la era digital que nos arrasa con dispositivos cada vez mas poderosos y diminutos nos haría más felices. Como si borrase de un plumazo nuestras fronteras y nuestras diferencias: Idioma, religión, etc. Pero no ha sido así. En mucho se ha vuelto el advenimiento del voyeurismo. Del chisme, pues. 
Mantenerse al último grito de la tecnología se ha vuelto casi un deber, un vicio sin mayor sentido que alardear de un dispositivo al que de todas maneras, se le da un uso limitado.
(Algo más allá de Facebook u otras redes sociales?)


El ejercicio de la medicina no se ha visto al margen de dicha “tecno vorágine”. Por un lado es posible establecer casi sin problema comunicación inmediata con un colega experto al otro lado del planeta. 
Pero…Por el otro, cualquier persona puede buscar el diagnóstico y tratamiento que mejor le acomode en fuentes de dudosa seriedad. Cuestionar al médico, exhibirle sin escrúpulos. La nota sensacionalista (máxime si involucra al médico) siempre vende bien. Da lo mismo si la acusación es cierta o no.
El juicio clínico es insistuible en la relación medico-paciente. Aquello de lo que hablaban los ahora empolvados libros de propedeutica. Tampoco hay nada que sustituya la palpación, la auscultación. La voz del médico como bálsamo que empieza la curación. Aunque el internet desborde de imágenes e información. 
Aunque cualquier actor se ponga una bata presentando como novedad lo que no es en los “infomerciales”. Aunque amague con calamidades tan espantosas como la caspa, las micosis y las hemorroides. Nada cambia el momento en que el médico nos dice “¿En que puedo ayudarle?”

El futuro del ejercicio médico pasa necesariamente por el uso juicioso del internet y de las cada vez mas populares redes sociales. Hay veces que el médico no tiene manera de abundar en un tema como no sea escribiendo de ello en un blogo en Facebook. Pero de ello a que los pacientes quieran consulta por whatsapp es otro cantar…

Eso sin hablar de las vivencias y emociones que todos los médicos experimentamos en este camino y que hacen que nuestras vidas se impregnen para siempre de una manera diferente (no mejor, no peor) de ver la vida. Y también la muerte.

Y todo lo que ocurre entre ambos momentos…


(ADD. Recién termino de escribir este texto en mi teléfono cuando me llega la noticia de una imagen del niño Jesús al que le atribuyen lágrimas de sangre en Irapuato. Mecachis….. Sigo sin entender que es lo que la gente quiere o no quiere creer. Y para qué)

martes, 12 de noviembre de 2013

No todo es lo que parece...











Si se trata de fastidiar, cualquier pretexto es bueno. Siempre habrá culpables, y pocos recursos a su alcance que le agraven la culpa. El médico no me abrió la puerta, no quiso atenderme. O peor aun, no había médico. En las ultimas semanas Oaxaca ha saltado malamente a la fama por casos de mala atención a mujeres en franco trabajo de parto. Una foto, subirla a internet y voilà, el trabajo esta hecho y cualquier usuario puede condenar lo que ve, la parte de la historia que le cuentan los medios, la que quieren decir, la parte fácil, morbosa, la que vende el espectáculo grotesco al que se han sobajado la vida, y también la muerte.

En estos tiempos, la llegada del hombre a la luna y las cámaras de televisión se han vuelto verdaderas reliquias que palidecen frente a las tabletas y los "smartphones" con conexión perenne a internet.

No se trata aquí de defender lo indefendible. Pero es difícil creer la condena fácil al médico. Lo digo porque se trata de un compañero, de un médico como yo. No se si de peor o mejor competencia profesional que uno, no se si es un alma generosa o un verdadero hijo de puta*. Lo que si tengo claro es que la sociedad parcial en la que habito es hipócritamente proclive a lo fácil, a la vida, al amor, al juicio, a la condena sumaria. Al olvido fáciles y a una larga serie de etcéteras. De no ser así, no me explico como al pequeño porcentaje de la población con internet móvil no le ha movido a indignación semejante los escandalosamente obscenos enriquecimientos de la clase gobernante, de los parasitarios ex presidentes. De cualquier funcionario de medio pelo que no satisface nunca sus ansias de robar, transar y corromperse. De los que ante todo, de todo pactan y cierran filas. El interés nacional, le dicen. De los que enlutan miles de hogares en una guerra estúpida y perdida contra el crimen (bastante bien) organizado.

¿Por que no son tan prestos en condenar a un gobierno que ocupa el dinero para edificar cárceles en vez de hospitales?

¿Por que no exigen mejor, que a los médicos se nos mande con sueldo pagado (si, así como a los profes que hacen plantones y no trabajan 2 meses) a un congreso o a un curso, ya no digamos al extranjero, sino a un buen centro hospitalario?

Ya de plano, ¿Que tan difícil es dar las gracias al médico cuando todo sale bien?

No voy tan lejos, la próxima semana es el Congreso Mexicano de Anestesiología. La reunión anual por excelencia a la que todos quisiéramos asistir. No tengo los 650 dólares que cuesta la inscripción. No tengo permiso en el trabajo (en 2) , no tengo quien trabaje por mi esos días. ¿Soy por eso, un peor médico que los que si van?

¿Por que aplauden la compra de balas, en vez de pedir ya no medicamentos, sino agua potable en sus casas? ¿Por que hoy -noviembre de 2013- campea el cólera en México, entonces?

¿Que tiene de emocionante un 16 de septiembre**, el desfilar de un ejercito corrompido, y a una marina con un grueso expediente violatorio de derechos humanos?

¿Es prioritario llenarle los bolsillos a una televisora en nombre de los niños discapacitados, o es primero ponerse del lado de los presos injustamente encarcelados como Alberto Patishtan?

¿Por que nuestra sociedad condena el maltrato a los paisanos en Estados Unidos y trata peor que a esclavos a los migrantes centroamericanos que pasan por aqui?

¿La conciencia se aplaca regalando una despensa con una vía de destino cuestionable?

¿Funcionan unos cuantos rezos al vacío, sin esperanza?

¿Verdad que es mas cómodo irse encima del último eslabón que cuestionar el sistema, sus corrompidas cabezas y sus estructuras? Al final todos estamos en el piso mas bajo. El médico no tiene una posición de poder sino de servicio, y por ello, no esta exento de errores en su desempeño. Muy raramente se comprueba la intención franca de dañar a alguien.

El acto médico es falible en si. En nada le ayudan los linchamientos mediáticos en un camino que ya es bastante agreste.













*No lo digo con afanes peyorativos, ni inmorales. Mi estimado Marcelino Cereijido, médico investigador de probada solvencia moral y profesional, ha hecho estudios muy serios al respecto de dichos especímenes. Vale la pena leer alguna de sus muchas obras científicas, a la que aludo es "Hacia una teoría general de los hijos de puta" publicada hace un par de años.

** Día de la Independencia en México